Bricomanía, tú antes molabas

Hubo un tiempo en el que Bricomanía era un programa de referencia en España. La gente veía el programa, tenía su propia revista, y Kristian Pielhoff era un treintañero con ganas de hacer las cosas bien. Era una época en la que aún no había llegado la TDT, y el programa de bricolaje hacía buenas cifras de audiencia, en un canal, La 2, que era capaz de ser el cuarto más visto. Era una época en la que los documentales superaban el 8% de audiencia, Saber y Ganar el 12%, y Bricomanía competía muy dignamente.
Era tal el éxito del programa que sus coletillas llegaban a la gente. ¿Quién no ha dicho lo de “fácil, sencillo, y para toda la familia”? ¿Cuántos programas de humor no recurrieron al “hoy en Bricomanía vamos a aprender a hacer una catedral en cinco sencillos pasos”? Hasta aparecieron libros sobre el programa para la gente que no tenía suficiente con la ración semanal del programa.
Kristian Pielhoff, pintando.

Kristian Pielhoff, pintando.

Y Kristian se convirtió en el yerno que todo suegro deseaba. Meticuloso, cuidaba los detalles, trabajaba respetando todas las normas de seguridad, era limpio… y tenía una cantidad de herramientas que ni Leroy Merlín. Y todo primeras marcas. No se le podía pedir más. Bueno, solo una cosa: que viniera a casa a explicarte como poner el sobre y la cinta aislante en la pared cuando vas a taladrar para que el polvo se caiga dentro, porque es algo que todos hemos intentado, y nadie ha logrado, obligando a usar la aspiradora para tal menester.

Pero el Siglo XXI trajo cambios. Primero fue Telecinco la que adquirió el programa, ante sus buenos datos de audiencia, y ahí se empezaron a torcer ligeramente las cosas. De un taller de los de toda la vida, que respiraba bricolaje por los cuatro costados, se pasó a un plató de televisión mucho más aséptico.

Hundimiento definitivo

El hundimiento definitivo llegó con la marcha a Antena 3 —en medio de un paquete que incluía el programa de cocina de Karlos Arguiñano, el programa hermano Decogarden, y el siempre interesante Frontón—. Las audiencias ya no respondían igual, la competencia era feroz, supongo que el pobre Kristian ya se notaría un poco encasillado… y se nota en el resultado final.

El programa, como la mala prensa, es ahora más un contenedor de publicidad que un espacio de bricolaje. No hay plano que no incluya la marca del producto que lo patrocina. Las creaciones, construcciones o como queramos llamar a lo que hace también han perdido nivel. Si antes era capaz de cambiar todo el cableado de un salón para poner una simple bombilla debajo de una escalera, ahora pueden verse cosas tan simples como poner un suelo laminado —de esos que cualquiera puede poner solo en su casa—, o aumentar la superficie de una mesa.

Por si fuera poco, además ha descuidado los detalles. Si antes era capaz de sujetar con siete gatos una madera, ahora lo podemos ver cortando un tablón sujetándolo simplemente con su mano, pero siempre enseñando una marca al fondo. Otro de los momentos más dolorosos para los seguidores de toda la vida llega con la masilla de dos colores para cubrir desperfectos en cuaquier superficie, esa que como él bien explicaba había que mezclar hasta dejarla gris: Ahora se pone guantes de plástico para amasarla.

Kristian Pielhoff y Iñigo Segurola

Kristian Pielhoff y Iñigo Segurola

Siguiendo el despropósito, ahora liquitan la última parte de la “creación” durante el último briconsejo*. Está Kristian lijando una pata de una mesa que aún no está montada, da paso a Íñigo, y a la vuelta ya está el tío cenando en la mesa.

Los aficionados al bricolaje —como mi vecino el de arriba, que usa el taladro hasta para cambiar de canal— han perdido un referente. ¿Lo encontrarán en algún programa americano en esos canales que siguen siendo nuevos como Nitro, Energy, Xplora o similar?

* El amigo Íñigo Segurola, encargado de los briconsejos de jardinería, también ha evolucionado con el tiempo. Pasó de ser ese curioso personaje con voz peculiar que hablaba de hierbas no procedentes, a acaparar cada vez más protagonismo. Que es normal, porque Kristian ha dejado un vacío, pero quizá no sea la persona adecuada. Porque, por más que insista, los briconsejos de jardinería no son el lugar para enseñar a hacer perfume con olor a pachuli.

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  1. Pingback: Un Social Media Manager no es un 'matao' con Facebook, sino un profesional de Bricomanía - Ismael Labrador
  2. Angelika

    Iñigo, te veo en Bricomania y te admiro. Te pregunto, que puedo hacer para sanar un cerezo joven, tres años. Le ha salido una especie de resina blanca y se caen las hojas con color amarillo_marrón.

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